No dejemos morir el fuego.

De izquierda o de derecha , gay o heterosexual, estudiante o pensionado, el día de ayer vivimos unas elecciones que quedaron en la historia y parece que comienza una nueva era en la forma en la que Colombia toma sus decisiones políticas.

Aunque siempre fomentemos el pensamiento crítico dentro de nuestros lectores e invitamos a nuestros seguidores a mantener los ojos abiertos y nunca tragar entero se debe recalcar que el Domingo fue un día histórico en nuestro país por varias razones.

Por primera vez en mucho tiempo se siente un ambiente de unión y de esperanza dentro del común denominador, la educación, la lucha contra la corrupción y la preservación del medio ambiente finalmente son variables a discutir dentro del gabinete de distintos ganadores alrededor del mapa.

Las nuevas generaciones hemos cargado con las consecuencias que dejaron nuestros antepasados en la elección de candidatos mediocres y con falta de preparación, venimos cansados de luchar contra un sistema de educación ridiculo y una corrupción descarada como si el dinero que trabajamos honradamente los Colombianos valiera tan poco que deba ir en los bolsillos de unos cuantos vivos que la tiran de bobos.

Por fin llegó a nuestras manos el poder de decidir y esos niños de los noventas ahora pasaron a ser quienes llevan la bandera del progreso y dictan el futuro de esta nación. Esta en nuestro poder determinar el camino de Colombia y ponerlo en manos de la evolución tecnológica, el emprendimiento y la educación.

Indiferentemente por quien haya sido su voto, el poder fue distribuido más diverso que nunca y se dan los primeros pasos hacia una democracia verdadera, eso debe ser aplaudido acá en y en cualquier país del mundo.

Faltan años luz de camino. Probablemente pasará nuestra vida entera y tal vez ni nuestros hijos vean el resultado de nuestro trabajo pero debemos detenernos a celebrar los pequeños hitos, mantener el debate abierto y seguir en búsqueda de un crecimiento personal constante para siquiera pensar en un crecimiento colectivo.

Y si se aproximan tiempos de cambio que siga creciendo el arte, que se siga haciendo música Colombiana de calidad, se sigan pintando las paredes de nuestra ciudad y que la moda siga siendo motivo de inspiración para niños desde el rincón más lejano del Océano Pacífico en Nariño hasta las calles de Chapinero en Bogotá.

No es poco lo que debemos representar y no es una misión que valga la pena dejar abandonada. Ahora que no se pierda el fuego y continuamos con ojo crítico vigilando el proceso de quienes están tomando las decisiones en este país.

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